jueves, 11 de junio de 2015
miércoles, 10 de junio de 2015
El intermedio que queda en olvido
Los comienzos. Los finales. Tú y yo siempre olvidamos que el texto también tiene cuerpo, que las historias también tienen un “durante”. Fuimos unos olvidadizos, unos pobres irresponsables. No comprendimos que los grandes poderes conllevan grandes responsabilidades. Que los grandes amores merecen un maldito desarrollo.
Lo peor que nos pasó fue que nos hicimos adictos a esos pequeños momentos de felicidad que nos brindaban los inicios. Todos nuestros inicios. Nos enganchamos a andar juntos cogidos de la mano, a abrazarnos hasta traspasarnos el alma, a besarnos hasta rompernos los huesos. Nos enganchamos a no saber, aún sabiendo. A hacernos los tontos mirando para otro lado, haciéndole creer al cosmos que podríamos juntos y no separados. Pero al cosmos no se le engaña, y tú lo sabes. Y yo lo sé. Pero tú más. Tú lo supiste mucho mejor que yo. Llevaste mis riendas sin quererlas ni coger, te colgaste mi corazón a la espalda y recorriste la ciudad impregnándome las calles de recuerdos.
Y ahora qué. Dime qué puedo hacer. Porque a día de hoy, a veces, aunque ya no deba hacerlo, sigo repasando los momentos que viví a tu lado. No fueron demasiados. Ni muchos ni pocos. Sólo fueron los justos y necesarios para hacerte imborrable. A veces sigo pensando en los principios, en todos nuestros principios y en la falta de ellos. Nos sobraron y nos faltaron a partes iguales. Nos sobraron, como nos sobraron los anocheceres. Nos faltaron, como nos faltaron los amaneceres.
Nunca fuimos de esos que hacen las cosas como se han de hacer. Nunca fuimos juntos a Mercadona. Nunca fuimos juntos a lavar el coche. Nunca estuvimos juntos en ninguna boda. Nunca nos dijimos “para siempre”, pero tampoco “para nunca”. Yo siempre fui tu puerta abierta. Tu vida y tus arrugas de expresión. Tú fuiste mi último primer amor. Mi cara más bonita sin pintar. Mi precipicio emocional. Pero no recordemos nuestras carencias. No hagas que piense de nuevo en las vidas que podría haber vivido mientras esperaba a que la tuya arrancara. No me mires como sé que harías si estuvieras delante ahora. Y no, tampoco me toques la mejilla como si fuera de cristal. Te aseguro que si no me he roto ya, ahora ya no es el momento.
Te lo dije hace tiempo. Me copié de quien lo dijo, ya sabes, que “puedo vivir sin ti, pero no quiero”. Te lo dije mil veces. Y tú lo escuchaste asintiendo. Lo escuchaste sabiendo que el café se enfriaba, que tu corazón se cerraba. De nuevo. Otro final.
Hasta el nuevo comienzo.
martes, 9 de junio de 2015
Tres metros sobre el cielo
La vida debería ser alreves
martes, 2 de junio de 2015
¿Te atreves a soñar?
Mi mundo adverso
De hecho es lo primero que aceptamos al nacer, marcamos la casilla de: he leído y acepto las condiciones y términos de uso, pero que va, nadie las lee... ni siquiera las aceptamos, esas reglas que vienen inventadas por la naturaleza.
Una de las reglas habla sobre el amor, dice que no hay, ni tenemos porque tener ese gran amor de nuestras vida, ni medias naranjas, ni limones, que no tiene porque haber esa persona que esté dispuesta a querernos, que no es malo tropezarse con una piedra, peor es cogerle cariño a esa piedra.
Hay una regla que habla sobre el talento, dice que no sirve de nada el talento sin diciplina, que trabajes y te mates a trabajar, solo tú decides si sigues o si te caes al suelo, que no existe la palabra fracaso, que solo existe aprendizaje y éxito.
Otra regla habla sobre la felicidad, nos viene ha dejar a entender que la felicidad no es una meta, que no es el final de un camino sino todo el recorrido que hemos hecho para llegar hasta nuestra propia felicidad, que cada uno tenemos una felicidad distinta.
Y después de líneas y líneas sobre derechas y cosas que debemos respetar que estan tachadas y saltadas por muchísimos... habla sobre un tema que nadie puede evitar y esa es la muerte, y la muerte la pasamos todos y da igual quien seas y como seas y de donde vengas.
Hay otra regla que siempre nos saltamos que ni siquiera nos acordamos de ella, dice algo asi como... da igual en que momento estés en tu vida, si estás leyendo esto, sonríe, porque significa que estás viviendo.
Ahora solo somos dos putos desconocidos que se conocen jodidamente bien...
viernes, 29 de mayo de 2015
Las princesas también se cansan de tanto cuento
Las cosas cambian, te das cuenta de que no hay ningún monstruo bajo tu cama, que ningún lobo está acechando en el camino y que los caballeros andantes se han extinguido... Juego a vestirme de felicidad, a pesar de los problemas que me invadan, porque mi actividad favorita es la de reír. ¿Que siempre estoy bien? No ¿Que nunca necesito a nadie? Mentira. Me derrumbo fácilmente, no soy tan fuerte como aparento, pero soy de esas que se guardan para si misma sus sentimientos y que explota cuando nadie la ve. También puedo parecer una chica masoquista, me gusta el sufrimiento y la sensación de no poder mas, de haberlo dado todo, porque no se si seré una campeona, pero lo que si que se es que soy una luchadora, una de esas que no se dan por vencidas muy fácilmente y de las que les basta creer en que pueden hacer algo para conseguirlo, a pesar de que el universo entero piense lo contrario. ¿Y sabes por que? Porque me gustan los retos, me gusta ver que, estando todo prácticamente perdido, poco a poco voy acercándome a lo que todos dejaron de intentar y que dieron por imposible, me gusta llegar y poder decir 'lo conseguí' o quedarme lo mas cerca posible y decir 'lo intente', porque solo así podre a subir a lo mas alto y mirar a aquellos que se rindieron y que, ¿donde están? nadie lo sabe.

























